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ULYSSES, tapas telúricas en Menorca


Pasé un mes de septiembre en Ithaca, hace ya un tiempo. Costó llegar a la isla, no tanto como al héroe pero entendí algo de los viajes de antes, donde el tiempo se dilata y el destino se hace esperar.

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En Frikes me aguardaban las buganvillas y las chumberas, el camino a pie a la aún más solitaria Kioni, una montaña quieta que dibujé tres veces, el restaurante frente al mar del que olvidé el nombre. Me esperaba la hamaca en la terraza y las vistas al puerto. Me esperaban mis ojos al atardecer, posados sobre el ir y venir del ferry que acercaba y alejaba la isla de su vecina Cefalú, como quien sigue la aventura de una nube. Sin prisa por llegar a ningún otro lugar, sin ansia de conocer más.

Hoy en Menorca, el pequeño restaurante frente al Mercat des Peix en Ciutadella, me ha recordado a la heroína tranquila que viaja siempre conmigo.

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Ulysses es un pequeño restaurante con aire de taberna marinera. Tiene no más de siete mesas en el interior y una amplia terraza, mirador privilegiado al bullicio del Mercat.

Aitana, la camarera inquieta y simpática, sabe como tratar a una recién llegada sin billete de vuelta. Hablamos de vinos y me sirve una copa de Binitord, uno de los blancos de la isla, fresco y seco, mientras espero la mirada despejada de Maribel, mi buena amiga que me ha invitado a pasar unos días en su casa del casco antiguo.

Con Ulysses me sucede lo de siempre, desde la calle lo presiento,  otro espacio donde estar y sentirme como en casa, donde relajarme hasta fundirme con los sabores, los olores y los sonidos, donde lo diferente es familiar y la comida exquisita.

Mi olfato me sienta en una de las mesas redondas, dentro, sin conocer aún la historia tras Ulysses. Más tarde sabré que es un lugar emblemático para los ciudadelanos, donde antes tomaban café los carniceros, las pescadoras y los fruteros del Mercat des Peix. Sabré también que lo reformaron no hace mucho y con respeto al local de antes, que lo lleva gente joven y que se ha convertido en un punto de encuentro, animado desde la mañana hasta bien entrada la noche.

Ulysses ofrece la posibilidad de cocinar el pescado que tu misma puedes adquirir enfrente, en una de las paradas del Mercat des Peix. Solo tienes que llegar con tu compra, sentarte en la terraza o en el interior y hablar con el dueño o con una de las camareras, pedir un vino y esperar a que te lo sirvan. Un lujo de taberna de antes actualizado con la sonrisa del servicio.

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La carta se presta a compartir, que es lo que nos apetece seguir haciendo, para acompañar la conversación y los silencios que dos amigas pueden decirse cuando todo está bien.

De entre las tapas, ensaladas, hamburguesas y platos del día pedimos unos buñuelos de peix de roca y gamba roja de la isla. Cremosos y fritos sin gota de exceso de aceite, se deshacen en la boca con el grado de intensidad ideal.

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Los mejillones de roca de la isla son deliciosos, la carne firme y jugosa, cocidos al tiempo exacto por la chef, que de negro y detrás de la barra sigue con mirada atenta nuestro disfrute.

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Y los rollitos de gorgonzola crujiente con cebolla caramelizada y canela sobre verde variado nos dejan sin palabras, que en realidad no necesitamos porque Maribel y yo nos entendemos a la perfección con un subir y bajar de párpados.

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La carta de vinos es escogida. Además de los isleños y algún Rioja, encuentro perlas conocidas del Priorat y el Bierzo, junto a un Rueda famoso y Albariños de excepción.

Es abril a mediodía y el local está tranquilo, me dicen que cuando hay mucha gente y en temporada alta, el ritmo en el servicio se transforma y sa calma reina.

Y asumido que contra lo inevitable es mejor no discutir, al poco de estar en la casa de Maribel, a dos minutos de paseo, Ulysses se convirtió en uno de mis locales de cabecera en Ciutadella. Porque en Ulysses puedes desayunar, comer, cenar y también tomarte un aperitivo, una copa de vino o un cóctel. Casi puedes vivir ahí.

Otro de mis días de calma en la isla desayuné el como no archiclásico llonguet de sobrasada, queso y miel. Sencillamente indispensable aunque complejo de digestión a la que ayudé con un paseo hasta el pequeño puerto.

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Y en algunos otros momentos degustamos las gambas frescas de la isla, sencillamente cocinadas para conservar todo su sabor.

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Y en otros unas navajas excelentes, sobran las palabras. Lo mejor es perderse en el Paraíso ciudadelino, acercarse a Ulysses y probarlas.

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Además, cada día y en la barra, puedes admirar el pescado recién traído del mar, escoger la pieza que más te guste, pedir que te la cocinen a la plancha para tener todo su sabor y dejarte servir ese pedazo de mediterráneo.

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Mis felicitaciones a Ulysses, por el cuidado del lugar, el trato impecable, la modestia elegante y la presentación y calidad de los platos sorprendente.

Ulysses está en la Plaza de la Libertad número 22, frente al Mercat des Peix de Ciutadella, en pleno casco antiguo del Paraiso. Consulta los horarios que cambian según la temporada. En primavera cerraban los domingos.

Y ya sabes, cuando vayas a Ulysses comentale a Aitana, la camarera inquieta y simpática, que Cristina de MyVeryBests te lo recomendó.

Bon appetit!

 

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