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LA CUINA D’EN GARRIGA, comiendo en Tiffani


Tradición, solera y modernidad se unen en este proyecto impecable de Helena y Olivier, herederos del que fue en su origen un colmado. El servicio es excelso, la calidad de la materia prima superior y la selección de vinos precisa y original. El cuidado en la presentación y la decoración de la sala hacen el resto. No hay que sorprenderse si los precios son acordes.

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Entré en La Cuina d’en Garriga por primera vez, como a menudo me sucede, atraída por su toldo. Los toldos son muy importantes en los locales, son su tarjeta de presentación asomada a la acera, la alfombra roja que invita o no a traspasar el umbral. Ese toldo rojo, unido a la terraza envolvente, que como un oasis respira en medio del Ensanche más burgués, me atrapó sin remedio desde el momento cero. Inocente y sorprendida pegué mi nariz a los cristales de un elegante aparador, más allá un pequeño paraíso gourmet.

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Cada producto que ofrecen en mesa o venden en tienda tiene a su vez una historia personal, un nombre propio que los singulariza. Helena y Olivier viajan para encontrar lo que consideran mejor de cada lugar. Son los huevos de payés de Irene, el aceite de Reus, los panes de Anna, las butifarras de Can Rovira, el albariño de Robustiano, los melocotones de Calanda y el té de Mariages y no otros los que encontramos en esta cocina elegante y cuidada. En palabras de Helena y Olivier, intentan hacer realidad un sueño: transformar en felicidad productos cargados de historia. Porque es así como me siento en todas mis visitas a La Cuina d’en Garriga, en lo alto de uno de mis taburetes preferidos, conectada sin fisuras al presente y feliz, muy feliz.

He frecuentado el restaurante a diferentes horas del día, porque estamos hablando de un local de horario extenso. Tanto puedes desayunar, saborear un zumo exquisito acabado de hacer, picar entre horas, hacer el aperitivo, comer, tomar un café, una copa de vino o cenar… A veces pienso que podría vivir ahí.

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Es uno de mis Tiffani’s places, lo que Holly Golightly llama lugar de seguridad en Desayuno con Diamantes, la famosa novela de Truman Capote. Un lugar donde nada malo puede suceder, donde me siento a salvo del asfalto, del tráfico y de las malas noticias, y también del paso del tiempo, porque viajo a un lugar dentro de mí en el que la prisa no existe.

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Aunque dispone de mesas bajas y cómodas yo prefiero las altas con taburetes de la entrada, más cerca de la barra, de la luz de la calle y del movimiento, al lado de las vitrinas, donde se expone parte del producto que también se vende al cliente como el colmado exquisito que todavía es. Quesos, embutidos, vinos… Y en la entrada alguna verdura y fruta fresca con nombre propio. Aquí todo es cercano y familiar.

En el fondo una mesa larga y robusta acoge a grupos y todavía un poco más al fondo y a la izquierda un pequeño comedor en la penumbra puede protegerte en tus citas más íntimas.

Un día, en la barra, tomando un vermut morro fi con unas olivas nada comunes, leía la prensa mientras esperaba a mis amigas de Madrid Isabel y Almudena, cuando una voz familiar me hizo alzar la vista, entraba nada más y nada menos que Carme Ruscalleda!

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El sifón es el símbolo de la casa y aparece como icono de presentación en su tarjeta. En la familia Garriga el sifón ha estado siempre presente y en su cocina nos viene a recordar la importancia del producto hecho con las manos y el corazón así como el deseo de compartirlo en un ambiente elegante a la vez que familiar, casero y espontáneo.

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Los zumos hechos al momento son espectaculares, mi favorito el de zanahoria, naranja, manzana y jengibre. Pero nada que envidiar tienen los de hinojo, zanahoria y pera, el de remolacha, manzana, zanahoria y jengibre o el de kiwi, manzana y pera.

Son fabulosos los huevos de Calaf estrellados en sus diversas modalidades, recomendables no por lo saludables ni para consumirlos a menudo, pero absolutamente deliciosos, los acompañados con sobrasada de Cal Rovira y miel.

Las verduras al vapor con romesco parecen caídas al plato directamente del huerto, perfecto el punto de cocción. Un plato sencillo, brillante y apetitoso.

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La ensalada de quinoa con verduras de temporada, rábanos, limón confitado y piñones de Gerona es magnífica. El rábano la refresca y el limón confitado le aporta la chispa a una quinoa cocinada en el punto de humedad ideal, sutilmente crujiente.

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El salmón salvaje en papillote al horno con limón y jengibre un lujo. Meloso y delicado me cierra los ojos y emociona mi paladar. Merece la pena probarlo ni que sea una vez y comprobar que la vida de la materia prima habita y condiciona su sabor nutriéndonos de muy distinta manera.

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Hay que estar atentos a la pizarra donde se anuncian los platos del día y para picar. De la misma, puedo decir que he probado las sardinas gallegas ahumadas sobre patata asada más buenas a esta orilla del Miño.

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Y la tapa de sobrasada con miel y tostaditas, una bomba para degustar en ocasión especiales y compartir con alguien de hígado valiente.

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El pan de payés de Baluard viene acompañado con el tomate entero, a la vieja usanza, para que te lo hagas tu mismo. Su sabor y textura me recuerdan al pan del horno de Gerri de la Sal, ese que comía en los cálidos veranos junto a mis padres y hermana, cuando crecía educando mi paladar y buen gusto, en nuestros tranquilos días entre los baños en el Noguera Pallaresa y los paseos entra salinas, montañas afiladas, pueblos colgados de los riscos y el fabuloso monasterio que junto al puente románico convierten al pueblo en una joya, por lo menos una joya en mi recuerdo.

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Como buena fan del queso, puedo decir que el surtido que ofrecen hace mis sueños realidad. Atención a las novedades impermanentes que podemos encontrar. Llegan a veces selecciones de quesos muy especiales, de regiones concretas, si tienes la suerte de llegar el mismo día que ellos a La Cuina d’en Garriga tendrás también la suerte de degustarlos, porque duran lo que dura un suspiro. De lo contrario, la tabla que ofrecen la componen perlas catalanas, nada que envidiar al resto.

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Porque me gusta compartir estos descubrimientos preciosos que me fascinan, he llevado para no quedarme sola con mi sorpresa y placer a amistades y conocidos, Esmeralda, Carmen, Irene.. hasta ahora, he visto en sus ojos la misma emoción que supongo en los míos.

Insisto antes de acabar, que de entre todo este trabajo amoroso, destaco la calidad del servicio. Desde el instante preciso en el que cruzo la puerta de cristal enmarcada en madera roja soy recibida como parte de una gran familia. El trato es sincero y amable, siempre dispuestos a aconsejar con elegancia discreta. Es fácil, no hay esfuerzo y todo sucede en una danza armoniosa al ritmo de la música, escogida, bella y que me hace olvidar por una porción de ese tiempo que en realidad no existe, que me encuentro a dos pasos del concurrido y trepidante Paseo de Gracia de Barcelona.

La Cuina d’en Garriga está en la calle Consell de Cent 308 de Barcelona y a día de hoy su horario de apertura es de 9.30 a 23.00 horas todos los días de la semana. Te aconsejo reservar mesa, aunque cuando he ido a la aventura siempre han encontrado un rincón para mi. Ah! y no olvides decir que Cristina de MyVeryBests te lo recomendó. Bon appetit!

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LA CUINA D’EN GARRIGA, comiendo en Tiffani

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Una bloguera socialmente sibarita!


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