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Tomar un coctel no es un acto baladí. Beber tiene su ciencia, como todo, y requiere de la actitud adecuada. Lo primero, elegir un lugar donde la maestría y las tablas sean la marca de la casa, como sucede en Boadas; lo segundo, sentirse cómoda en el espacio, por pequeñito que sea; y lo tercero, pero no menos importante, no tener ninguna prisa, la urgencia es el enemigo implacable de cualquier placer.

Entrar en Boadas, nunca se si decir al principio o al final de Las Ramblas, es entrar en una iglesia románica perdida en las montañas, sencilla, austera, con muros sordos que transpiran siglos y regalan los sentidos menos obvios.

Pasan los años y tras la barra siempre alguna mirada familiar. Esa es mi sensación favorita al franquear cualquier puerta, la de haber llegado a casa y poder descansar, por fin.

Dialogar con el coctel es el secreto y, de entre todos, mis conversaciones preferidas desde siempre son con un buen Bloody Mary. Aunque en Boadas pueden preparar mil doscientos sesenta cócteles.

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Sentada en uno de los altos taburetes a la americana de este local fundado por Miquel Boadas en 1933, tiemblo ligeramente porque mi paladar presume la aventura.

Y veo como Jerónimo Vaquero, con el semblante serio que le da el poso de ser el bartender que más años debe llevar detrás de una barra, comienza la operación manipulando con profesionalidad aeronáutica todos los ingredientes, hasta ver servido en vaso mediano con su ramita de apio, mi penúltimo Bloody Mary, o como dicen en el mundo anglosajón, one for the road. 

Es el uso impecable del hielo -tan poco habitual-, utilizado para enfriar el vaso y desechado como ingrediente final, lo que me permite disfrutar de la casi imperceptible evolución de todos sus matices, sin que se acabe convirtiendo en una versión aguada de si mismo.

No tengo duda que a todo lo escrito se añade lo más obvio. Tras la excelencia del resultado hay una historia de vida, la comenzada por Miquel Boada Parera, hombre de mirada y corazón abiertos como el océano que separaba sus dos hogares, y la continuada por la elegante y más que valiente Maria Dolores Boada, su hija, a quien he tenido el placer de ver más de una vez, entrar y ser recibida por los bartenders y el público, como lo que es, un personaje incomparable, que en los tiempos pasados y algo más turbios que ahora, tuvo el coraje y la profesionalidad de ser de las primeras mujeres en servir cócteles detrás de una barra, solo con tal fin, además de dirigir con éxito más que evidente el local heredado.

Pasión por la vida y amor en el hacer convierten a mi Bloody Mary en un viaje único cada una de las veces que el curso del río me lleva hasta esa emblemática esquina, donde se me para el tiempo y el corazón me late más deprisa.

Si quieres tu propio viaje, acércate Boadas Cocktelería, en la Calle Tallers número 1, casi en el vértice con Las Ramblas. Te podrás sentar entre La Habana y Barcelona y encontrarte con la mirada serena de quien ha olvidado lo que sabe, y simplemente hace.

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BOADAS, el templo del Bloody Mary

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6 thoughts on “BOADAS, el templo del Bloody Mary

  1. Me encanta como cuentas las cosas. Leyendote he disfrutado del local y he saboreado el cocktel. No pienso perderme ni un myverybest, palabra por cierto que incorporó a mi vocabulario con tu permiso. Saludos Cristina.

    1. Gracias por tus palabras Jose, espero que encuentres todos mis myverybests tan interesantes como éste. Y si, tienes mi permiso para incorporar la palabra inspirada en mi hermana. Un saludo.

  2. Hola, Cristina! Quizá recuerdes aquel libro de cócteles con ilustraciones que hice para el 60º aniversario de Boadas. Me encanta ese local. Mi cóctel preferido es -después del mojito que o prearan de maravilla- el negroni: 1/3 vermut, 1/3 ginebra y 1/3 de Campari.
    Besos!

    1. Hola Miquel! Claro que me acuerdo del libro, una joya de la que, quizás recuerdes, tengo un ejemplar dedicado por su ilustrador.
      Que causalidad… ayer por la noche justo me preparaba un negroni en casa, un clásico para beber despacio. Besos y gracias por tu comentario.

  3. Soñando en ir un día a Barcelona!! pasear por las Ramblas hasta
    llegar a Boadas y saborear mí Bloody Mary soñando con La Habana
    Genial Cris!!!

    1. Ana, no dejes de avisarme cuando tu sueño te traiga a Barcelona, podemos pasear hasta Boadas juntas. Un beso y gracias por tu comentario.

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